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fecha

jueves, 8 de enero de 2009

entrevista a un heterosexual

¿Porque este texto parece carecer de sentido y si tan solo se cambia una palabra nos parece normal?
¿No es muy hipócrita?



Pregunta: ¿Cuándo descubriste que eras heterosexual?
Heterosexual: Bueno, eso es algo de lo que te vas dando cuenta poco a poco. A los 12 ó 13 años, en el colegio, notaba que me fijaba en las chicas, incluso tenía una maestra que me parecía muy guapa, pero por supuesto no me atrevía a comentarlo con mis compañeros. Luego, en el instituto, cada vez estaba más claro que deseaba a las mujeres, eso me hizo sentirme fatal, en casa, en el colegio y en la parroquia nos habían dicho siempre que la heterosexualidad era algo horrible, que era pecado, cosa de anormales, así que yo lo vivía entonces como una monstruosidad.

P: ¿Y cómo tuviste tus primeras relaciones heterosexuales?

H: Fue bastante complicado, porque yo no estaba seguro de que hubiera también chicas heterosexuales, no había visto nunca ninguna. El caso es que unas vacaciones fui a veranear a Sitges, y paseando por la playa al anochecer vi que había bastantes chicas y chicos solitarios mirándose, e incluso en parejas. Una chica me dio conversación y a las pocas horas estábamos haciendo el amor en la arena. Ella fue quien me introdujo en el ambiente heterosexual.

P: ¿Qué opinas de los bares de ambiente heterosexual?

H: No sé que decirte. Por una parte están bien, porque son bares donde puedes ligar con una chica sin que la gente se ría de ti, y donde sabes que las chicas también son como tú. Pero por otra parte creo que generan una especie de gueto, ahí puedes ligar con chicas, pero fuera, en la vida cotidiana, nada cambia, te sigues reprimiento y ocultando tu heterosexualidad.

P: ¿Te costó aceptar tu heterosexualidad?

H: Sí, mucho. Al principio te echas la culpa a ti mismo, piensas que eres una especie de anormal o enfermo, porque oyes siempre a tus amigos y a todo el mundo reírse de los heterosexuales, y te han educado para que no concibas que un hombre y una mujer puedan quererse. Luego ves que hay mucha gente como tú, y conoces que en otras culturas o en otras épocas la heterosexualidad es una conducta como cualquier otra. Entonces empiezas a preguntarte cómo se ha generado tanto odio contra algo tan hermoso como el amor entre hombres y mujeres, y no lo puedes entender. Además, la gente a menudo tiene miedo de ti cuando se entera, piensa que quieres violar a las chicas o algo así. La verdad es que me cuesta comprenderlo, pienso que es una cuestión cultural, supongo que cada sociedad tiene conductas racistas o de segregación, y ésta es una de ellas. Es curioso cómo te enseñan a vigilar tu propia conducta, a percibir tus sentimientos como algo específico, como algo raro.

P: ¿Qué opinas de que los heterosexuales lleguéis a tener los mismos derechos que los demás ciudadanos?

H: Creo que debe ser una conquista fundamental, con el tiempo supongo que la sociedad se dará cuenta de que no es justo que simplemente por ser heterosexual no puedas tener derechos básicos que tienen otras parejas como casarse, tener pensión de viudedad, ventajas en alquileres, Hacienda o para compra de vivienda, derechos de herencia, etc, o simplemente para trabajar; es como si tu vida de pareja no fuera verdadera, como si fuera de segunda clase. Hay empresarios que cuando descubren que eres heterosexual te despiden, o no te contratan. En realidad me gustaría que la orientación sexual no fuera pertinente para el Estado ni para las leyes, ni siquiera creo demasiado en esas categorías de homosexuales y heterosexuales. Conozco homosexuales que desearían tener relaciones con chicas y no se atreven por miedo, lo viven en la clandestinidad. Yo creo que la sexualidad, sea lo que sea eso, es algo mucho más diverso y complejo que lo que nos enseñan. Cada uno es un mundo, no somos binarios como los ordenadores.

P: ¿Qué opinas de las declaraciones de Juan Pablo II condenando la heterosexualidad como pecado?

H: Bueno, eso es una barbaridad. El Papa pertenece a una especie cavernícola que espero que se extinga con los años. El catolicismo oficial siempre ha sido muy duro contra la heterosexualidad (bueno, no siempre según Boswell), pero es increíble que a fines del siglo XX el Papa siga atacando esta conducta sexual. Creo que está haciendo mucho daño, porque esas opiniones tienen influencia sobre un sector de la sociedad.

P: Tú eres maestro de profesión; ¿te plantea problemas tu heterosexualidad en tu vida laboral?

H: Sí, en la medida en que tengo que ocultarlo a toda costa. Incluso si a veces tengo ademanes masculinos o viriles, se me escapa la voz grave, etc, en seguida empiezas a ser sospechoso. Muchos padres de alumnos piensan que los varones heterosexuales nos dedicamos a corromper a las niñas (o niños si es una mujer), piensan que somos un peligro para la socialización de sus hijos, o algo así (no me extraña que lo piensen dada la imagen con que se nos presenta en las películas: psicópatas, drogadictos, etc). Creo que si se educara a los niños desde pequeños en la diversidad, sin patrones cerrados de sexualidad, su vida posterior sería mucho mejor. Me hacen gracia ver a amigos presuntamente progres y revolucionarios que, sin embargo, no dejan de hacer comentarios agresivos contra los heterosexuales, y usan las típicas expresiones insultantes como "machote", "torero", "tío", "ése tiene cojones", "los tiene bien puestos", "pecho lobo", etc, cuando ven a uno con pinta de heterosexual.

P: Como heterosexual, ¿tienes miedo a contagiarte del sida?

H: Esa es una pregunta perfectamente estúpida. El sida se transmite por vía sexual, sea cual sea la orientación sexual de la persona. Este enfoque sensacionalista de la prensa y las películas de que el sida afecta más a los heterosexuales es falso, y la sociedad debería saberlo. La categoría de grupos de riesgo es absurda, lo que hay son prácticas de riesgo. He visto seis películas sobre el sida este año, y en todas ellas el protagonista, enfermo de sida, era heterosexual. ¿Qué te parece?

P: ¿Saben tus amigos que eres heterosexual?

H: Digamos que en eso tengo la suerte de tener unos amigos estupendos, con pocos prejuicios sobre el tema. Por eso no les he ocultado nada, incluso conocen a mi novia y no perciben esto como algo extraordinario. Es más, con el tiempo algunos de ellos me dijeron que también eran heterosexuales. Pero aparte de los amigos, a menudo es duro no poder ir por la calle de la mano de mi mujer, ni besarla, ni mirarla como se mira a alguien cuando le quieres. Esa vigilancia de uno mismo, quieras que no, te duele, te sientes controlándote, pensando siempre en la mirada de los demás.

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